Buñuel en el laberinto de las tortugas gana el Goya a la mejor película de animación 2020

A veces con un golpe de suerte se puede llegar a rodar una película y esto fue lo que les ocurrió a Luis Buñuel y a su amigo Ramón Acín. Buñuel en el laberinto de las tortugas es la historia de esta buena estrella y sobre todo es la historia de su amistad. Es el making of de sus vidas, de la personalidad irreverente de Buñuel y de la película «Las Hurdes, tierra sin pan».

Luis Buñuel.

Luis Buñuel conoció de casualidad la historia que le llevaría hasta Las Hurdes. En un encuentro fortuito en París, el fotógrafo Eli Lotar le presentó a Buñuel el trabajo fotográfico y de documentación que había captado en Extremadura. Entonces el cineasta aragonés decidió ir en busca de financiación para rodar un documental sobre esa España negra y recóndita. Las puertas las tenía cerradas en París después del controvertido estreno de su película La edad de oro, así que volvió a España y en una visita a su amigo Ramón Acín, después de unos vinos de más, Acín le prometió que si ganaba la lotería, le ayudaría a producir su película.

Y así fue, a Ramón Acín le tocó el Gordo de Navidad y Las Hurdes. Tierra sin pan contó con 20.000 pesetas de aquel premio.

“Que te tocase la lotería sí que sería surrealista” le dijo Buñuel a Acín aquel día y claro, al maestro del Surrealismo, todo podía ocurrirle. Al niño que con ahínco tocaba el tambor en Calanda, su pueblo natal, se le cumplía un sueño. Durante dos semanas estuvo localizando en Las Hurdes y con la ayuda de Ramón, de Eli Lotar que grabó los planos del documental y de Pierre Unik, que ya había trabajado con él en La edad de oro y que le ayudó con la dirección y con los textos de la película.

Consiguieron mostrar una de las zonas más pobres de España en 1932 y lo hicieron en 27 minutos de documental denuncia.

Y esto nos cuenta Buñuel en el laberinto de las tortugas en forma de largometraje de animación. Tiene un trabajo de guión de un año, más otros dos años de producción. Sin gran presupuesto para ser una película de animación, contó con 1.800.000 euros. Viñetas plasmadas primero en papel a las que después se les ha dado vida con el movimiento. Y es que la animación es un proceso lento en el que cada dibujo pasa por las manos de muchos artistas hasta la versión definitiva.

Trailer de Buñuel en el laberinto de las tortugas.

La película de Salvador Simó ya es un éxito internacional.

Es la primera película del director Salvador Simó en España, conocido por películas animadas como Adventures, Tikis y Mikis y que también ha trabajado en las películas de Disney El libro de la selva y en Piratas del Caribe: La venganza de Salazar y pasajeros. Ahora Simó ha recuperado la memoria de Buñuel y Acín. Les vemos armados con su trípode de madera, con sus largas rutas a las localizaciones de rodaje que se entremezclan con planos reales de la película.

Escuchamos el acento maño de Buñuel, el no políticamente correcto, considerado como el director español más transgresor y valiente. El antipático, cazurro baturro, el de la relación de amor y odio con dios, el de la fobia a las gallinas. Vemos sus sueños surrealistas, las recreaciones dramáticas, la del gallo, la de la cabra despeñándose, la simulación de la muerte de un bebé o un enjambre de abejas comiéndose a un asno.

“La muerte se esconde en cada esquina y no saldrá si nosotros no la obligamos”, dice en la película y todo aquello estaba pasando en Las Hurdes.

En Las Hurdes, Buñuel se alejó de ese Surrealismo por el que ya se le conocía y utilizó el arte como forma de expresión para cambiar el mundo.

Denunció una situación vergonzosa que no gustó al gobierno y Las Hurdes al final acabarían cambiándole a él.

La dirección de arte de Buñuel en el laberinto de las tortugas es producto de José Luis Ágreda. El diseño de los personajes es fruto de la investigación. Se trata de personajes históricos, así que se ha buscado un equilibrio entre el parecido con el modelo original y al mismo tiempo un estilo que se ajustase a las características del guión, potenciando los elementos que interesan de cada uno de los personajes. Una vez definidos, los animadores les dan expresión y movimiento.

Boceto de una escena de Buñuel en el laberinto de las tortugas. La dirección de arte es de José Luis Ágreda.

Especialmente detallada ha sido la búsqueda de la imagen de Luis Buñuel. Debía funcionar como retrato del personaje real y como actor de la producción. Reflejar la personalidad magnética de Luis, pero también sus contradicciones, su atractivo y sus complicados rasgos, afectados por una parálisis parcial en un lado de la cara.

En Ramón Acín, se ve lo exuberante de su creatividad y la modestia de su carácter, el caos del artista y la calidez de la persona, lo familiar y lo excepcional.

Los extras y secundarios de la película tienen entidad propia, en muchos casos están basados en las personas reales, no son diseños estándar y enriquecen el universo en el que se mueven los protagonistas. Diseñar la luz y el color es tan importante como definir los espacios. Es esencial para transmitir las emociones, para situar al espectador en el ambiente real y mental donde se mueven los personajes.

Se ha recreado París, Huesca y Las Hurdes y sus paisajes son otro elemento esencial de la película, casi como si de otro protagonista se tratase. Su configuración tan característica, irregular y áspera, es la expresión de lo riguroso de las condiciones de vida de sus habitantes.

Buñuel en el laberinto de las tortugas está basada en el cómic homónimo del cacereño Fermín Solís. Finalista del premio nacional del cómic por esta obra. Buñuel apenas dejó unas líneas en sus memorias sobre el rodaje de su película, así que a Solís le ha permitido tirar de imaginación para plasmar cómo fue esa grabación. Explorando toda aquella época de la Segunda República y del mundo surrealista.

Es cine dentro del cine.

Análisis ‘Buñuel en el laberinto de las tortugas’.

Luis Buñuel.

Para saber más sobre Luis Buñuel

La muerte sería una de las obsesiones recurrentes en su filmografía. Una filmografía libre y nada convencional, teñida de un humor negro e irreverente. En la Residencia de estudiantes conoció a los intelectuales de la época. Estuvo en los teatros, cafés y tertulias de la época y por sus ojos desfilaron personalidades de la talla de Ortega y Gasset, Machado, Valle Inclán, Unamuno, Ramón y Cajal, Marañón, Ramón Gómez de la Serna, del que fue fiel seguidor en su tertulia del Pombo.

Buñuel no tardó en sumarse a las vanguardias. Y aunque era hijo de un rico indiano, pronto mostró inquietud por las cuestiones sociales, se indignó por el atraso secular del país y las miserables condiciones de vida del campesinado y de la clase obrera. Siempre atento a lo que llegaba de París, epicentro de las vanguardias culturales de la época, a comienzos de 1925 se instaló en la capital francesa.

También fue crítico de cine para numerosas publicaciones. De vuelta a España, en 1929 rodó “El perro andaluz”, obra cumbre del Surrealismo, partiendo del guión que escribió Salvador Dalí.

Buñuel explicó que se trataba de la visualización de ciertos resultados subconscientes que no pueden ser expresados más que por el cine. En 1930 realizaron “La edad de oro”. Ambos trabajos concitaron tanta expectación como escándalo y rechazo.

Se sintió traicionado por Dalí. Cuando vivía en Nueva York le faltaban 15 dólares para pagar el alquiler y se los pidió a Dalí. El pintor le dijo que una pitonisa le había dicho que no podía prestarles dinero a los amigos. Y efectivamente Buñuel dijo: no hay que prestar dinero a los amigos, hay que dárselo.

Siempre a caballo entre Francia y España, y tras una breve estancia en Hollywood, en 1933 estrenó en Francia Tierra sin pan, su primera y única incursión en el cine documental. La descarnada denuncia de la extrema pobreza de los habitantes de Las Hurdes mereció la censura, en un primer momento, del gobierno republicano. Acabaría estrenándose en España en 1936. El estallido de la Guerra Civil obligó a Buñuel a partir al exilio y sería en México dónde moriría en 1983.

Fue en México, con ocasionales regresos a España y Francia, dónde rodó películas clave de su filmografía, quedando para la posteridad títulos como Los olvidados (1950), muy polémica por su denuncia social como en su documental de Las Hurdes; El ángel exterminador (1962) o Simón del desierto (1964-1965). A Europa volvió para crear Nazarín (1958-1959), Viridiana (1961), Diario de una camarera (1964), Belle de jour (1966-1967), La Vía Láctea (1969), El discreto encanto de la burguesía (1972) y Ese oscuro objeto de deseo (1977), todas ellas aclamadas como obras maestras y muchas de ellas premiadas en los certámenes de cine más prestigiosos.

Un hombre del que se decía que dormía 22 horas al día. Tiempo podía darle entonces para vivir en la ensoñación y convertirse en el maestro del Surrealismo.

Ramón Acín.

Para saber más sobre Ramón Acín

En las numerosas ocasiones en que la cámara congeló su imagen para la posteridad, sorprende la mirada serena, algo introspectiva, de un hombre que apenas sonríe pero en cuyo rostro se adivinan los rasgos de una inmensa bondad. El retrato se enriquece con los elementos y las personas que lo contextualizan.

Descubrimos a un creador atento y comprometido con lo que le rodea, la inteligencia despierta y activa que, con frecuencia, se cargaba de un humor que descarnaba a quienes lo trataron.

Ramón Acín, que apenas resuena en la memoria de sus paisanos pero que en las primeras décadas del siglo XX encarnó como pocos el espíritu de una España culta y progresista cuyos sueños y anhelos, los de construir un país abierto, moderno, educado y que hiciera de la justicia social una realidad, se truncaron con el triunfo de la insurrección armada de los militares sublevados contra la legitimidad democrática encarnada en el gobierno de la República.

El camino recto, sencillo, henchido de independencia y de humanidad se inició para Acín un 30 de agosto de 1988 en Huesca.

El pequeño de cuatro hermanos, Ramón contó, desde su infancia con el apoyo y el estímulo de unos padres, Santos Acín, ingeniero, y María Aquilué, licenciada en Magisterio, que le permitieron encauzar la pulsión creadora del artista que no tardaría en revelar un talento innato para el dibujo y la pintura. Su paso a los diez años por la academia de Félix Lafuente Tobeñas fue providencial. De su maestro recibió no solo la formación técnica y artística sino que también el espejo en el que el futuro pedagogo habría de reflejarse.

El arte y la pedagogía. Dos facetas de una personalidad que halará en la escritura una tercera vía para expresar su inquietud por las injusticias de las que comenzaba a ser testigo. Nace el activista político y social. En 1913 el joven militante anarquista arremete con furia desde las páginas de La Ira (Órgano de expresión del asco y de la cólera del pueblo) contra el sistema de leva de las tropas para la guerra de Marruecos, que se ceba en los hijos de las clases más desfavorecidas –Id vosotros-, y la nefasta influencia del clero en las escuelas –No ríais-.

La respuesta de las autoridades conservadoras es expeditiva. Al cierre del periódico se suma el encarcelamiento del equipo de redacción. No será la primera vez que Acín sea detenido y acabará conociendo también las amarguras del exilio como consecuencia de su inequívoco posicionamiento en favor de cuantas iniciativas se opusieron a la dictadura de Primo de Rivera y que denunciaron los abusos de los sectores más reaccionarios de la sociedad española de la época.

Y si Acín ni se amilana ni cede en su determinación de mejorar las condiciones de vida de sus semejantes, su visión humanista de la vida le aleja de la virulencia de sus primeros escritos y de la violencia y crispación que provocaba una inestabilidad social y política insostenible a corto plazo.

El 18 de julio de 1936, Huesca, ciudad natal de Acín, se enfrenta a la sublevación militar, movilizándose en clamor popular y pidiendo armas para poder defender el gobierno de la República. Inevitablemente, las tropas subversivas se hacen con el poder y Acín ha de buscar escondite en su propia casa para sortear el cadalso.

Durante esos agónicos y largos días, Conchita, su cariño, es maltratada por las incoherencias de la guerra y Ramón, por amor, por cordura, por valentía, por anarquista, por luchador, por la libertad, se entrega a la muerte. Nunca más volverían a verse. Fusilado, la corta pero intensa vida de un hombre bueno se desplomaba en los muros del cementerio de Huesca. 17 días después fusilaron también a su mujer.

Tres años antes de su muerte, Acín produciría la película Tierra sin pan, cumpliendo la promesa que le hizo a su amigo Buñuel.


Curiosidades sobre el documental Las Hurdes, tierra sin pan.

  • A finales de 1936 el gobierno republicano accedió a estrenar Las Hurdes. Tierra sin pan pero eliminando de los créditos a Ramón Acín por ser un conocido anarquista.
  • A partir de 1960, Luis Buñuel, ya reconocido como uno de los grandes del cine, vuelve a estrenar la película y recupera el nombre de Ramón Acín en los créditos. Buñuel entregó el dinero que recaudó con la película a las hijas de Ramón Acín.
  • Años antes del rodaje de la película, Alfonso XIII había visitado Las Hurdes tapando todo lo que allí ocurría. Buñuel lo destapó.
  • La película no ha sido bien considerada por los hurdanos pero lo cierto es que la película conseguiría que al final pudiesen recibir ayuda del gobierno y mejorar sus condiciones de vida.